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Me toca los ovarios

Disculpa por este título tan basto, pero no se me ocurría una forma de describirlo mejor que esta.

Las relaciones sociales sanas no son una cosa fácil en el mundo en el que vivimos. Gracias a las nuevas tecnologías y a las redes sociales, puedes saber un millón de cosas sobre una persona antes si quiera de conocerla. Y esto hace que exista una competitividad muy intensa por parecer lo más interesante posible. Yo particularmente no suelo subir muchas cosas a mi Facebook o Instagram porque me parece necesario tener intimidad, y porque hay muchas cosas que prefiero guardármelas para mi. Si quedo con tal o cual persona, considero que es más importante pasármelo bien y disfrutar el momento que ponerme a hacer fotos para subirlas a mi perfil y pensar en qué me van a decir.

Bueno, pues resulta que muchísima gente no piensa así. Conozco a muchos y muchas que se pasan la vida subiendo fotos con famosos, deportistas o gente, digamos, influyente. Lo más triste de todo es que si los ves en persona, están aburridos en la esquina de un bar o una disco, sonríen para hacerse la foto y demostrar lo felices que son y los círculos tan interesantes entre los que se mueven, y después vuelven aburridos a sentarse en una esquina con el móvil en la mano.

Ahora viene lo mejor de todo, te cuento un caso concreto. Conozco a una chica desde que íbamos juntas a la guardería y siempre hemos estado muy unidas hasta que al terminar el instituto ella se fue a estudiar fuera y perdimos el contacto. Cosas que pasan.

Hace unos meses volví a verla después de varios años y me puse toda feliz y emocionada y ella me saludó con indiferencia. Me quedé un poco rayada porque no me lo esperaba. Después me di cuenta de que ella iba con unas amigas guapísimas y modelos (ella también es modelo), y yo iba con un grupito de gente de lo más normal. Me sentó un poco mal pero lo dejé correr. Me alejé hacia la otra parte del bar y seguí hablando animadamente con mis amigos.

Unos días después le mandé un mensaje para ver si nos tomábamos un café y no recibí contestación (y sí, me aseguré de que lo había leído).

Pasaron los meses y no volví a pensar en ella. Hace unas semanas me la encontré de nuevo y recibí otro saludo indiferente. Mis amigos seguían sin “estar a su altura”.

Bueno, ahora viene lo bueno. Hace unos días fui a una terracita con unos amigos que son, digamos, “interesantes”. Cuando esta chic me vio, se volvió loca por saludarme y pretendía sentarse con nosotros. Obviamente le di largas y le dije que teníamos un café pendiente otro día. Todo el mosqueo que tenía antes con ella dio paso a la decepción.

Esta chica no es la única que actúa así. El mundo está lleno de gente que se mueve únicamente por interés y que busca la aprobación social y ser admiradas. Pues a mí esta forma de actuar ME TOCA LOS OVARIOS. Ea. Ya está.

Obviamente no se me va a ocurrir subir una foto cuando esté con alguien “interesante”, no lo voy a contar. Eso no significa absolutamente nada, y lo único que puede conseguir es que se me acerquen personas que no quiero en mi vida.

Quiero relaciones de amistad genuinas. Gente que me conozca y a las que les apetezca pasar el tiempo conmigo, con mis virtudes y mis mil defectos. Que no se fije ni en la cuenta bancaria, ni en  la belleza física ni en el número de seguidores.

Quiero rodearme de gente que no me toque los ovarios.